Salchibotxo a las puertas del Guggenheim

Bistró Guggenheim es uno de los dos restaurantes del museo Guggenheim de Bilbao. Desde su cocina intentan desarrollar una propuesta gastonómica que combina la tradición con la innovación. Por ello, cuando pensaron sacar sus platos más allá de los muros del museo, decidieron hacerlo a través de algo tan típico como un puesto ambulante, pero reinterpretado por el estudio de diseño Arquimaña.

«Nos pidieron evitar al máximo la imagen clásica de puesto ambulante», explican Iñaki Albistur y Raquel Ares, de Arquimaña. «Al mismo tiempo, el conjunto debía identificarse con los productos tradicionales y artesanos que querían ofrecer, como la cerveza La Salve y las salchichas de los hermanos Thate, de la carnicería La Moderna, muy conocida en Bilbao. Debía ser un elemento urbano que el bilbaíno de a pie identificase con tradición y modernidad».

Además de satisfacer al bilbaíno de a pie, el Sachibotxo, nombre elegido por los responsables de Bistró Guggenheim para bautizar al puesto, debía pasar también el filtro de los responsables del museo y los miembros del Ayuntamiento de la ciudad. Algo comprensible tratándose de un proyecto que suena tan parecido a Salchipapa y que podría haberse desarrollado de una forma muy diferente.

«El Ayuntamiento es reacio a permitir la presencia de puestos en sus calles de por sí», explican Albistur y Ares que, en esta ocasión, consiguieron romper esa negativa municipal. «Por su parte, el museo exigía que el carro no desentonase y pudiera circular sin problemas por el interior del museo, atravesando puertas, pasillos y montacargas, porque la idea es que pueda utilizarse, además de en el exterior, en eventos que se desarrollen en el restaurante o el museo».

Público, autoridades municipales, responsables de museo… Demasiados condicionantes previos para un proyecto ya de por sí complejo, pues complejo es encajar de forma funcional y estética todas las necesidades de un puesto de esas características. Entre ellas, la refrigeración, la plancha para cocinar, el almacenaje de las herramientas, los cubiertos o las tomas de agua y luz.

«Bistró Guggenheim forma parte del grupo Ixo, propietario también de Nerua, el otro restaurante del Museo Guggenheim. Con ellos ya habíamos desarrollado un encargo similar. Un carro para ensaladas para su restaurante Ni Neu en el Kursaal de Donostia. Así que ya teníamos cierta experiencia. Por ejemplo, el hecho de que fuera un elemento en el que se iba a cocinar hizo que nos decantarnos por el acero inoxidable en la zona de “trabajo”».

La plancha es extraíble para que se le puede dar más de un uso cambiando la herramienta de cocina. Además, el carro cuenta con una instalación eléctrica propia, con su propio cuadro y protecciones, lo que permite conectarlo directamente a la red eléctrica».

Uno de los principios de Arquimaña como estudio de diseño y arquitectura es el de la autoproducción. Una alternativa a los sistemas de fabricación tradicionales, que facilita el diseño y desarrollo de los proyectos, y que también ha sido aplicado en el caso de Sachibotxo.

«La autoproducción nos hace introducir en nuestros trabajos el concepto de artesanía digital, que mezcla procesos y técnicas manuales propias de las prácticas artesanales con la utilización de herramientas propias de la fabricación digital. En el caso de Salchibotxo optamos por un proceso de fabricación en equipo porque hemos tenido que añadir a nuestro trabajo el de herrería, carpintería y electricidad».

La autoproducción permite también que la construcción de prototipos o de productos acabados no tenga que hacerse necesariamente a escala industrial, lo que reduce costes y adapta los trabajos a las dimensiones o necesidades del cliente.

En el caso de Salchibotxo, la autoproducción permitió hacer un solo carro para ver cuál era la aceptación por parte del público. El éxito obtenido, tanto entre la gente que se acerca a la zona del Guggenheim a degustar salchichas de calidad como entre medios de comunicación como Diario Design, que se han hecho eco de la iniciativa, permite aventurar que Bistró Guggenheim producirá más unidades. Que sean muchas o pocas no será problema para Arquimaña.

 

fuente: https://www.yorokobu.es/salchibotxo/

fotos: http://diariodesign.com/2016/09/salchibotxo-una-food-truck-diferente-bilbao/

La logística y la infraestructura de los restaurantes-bicis es mucho más económica que la de los food trucks.

‘Food bikes’: comida rodante

 

'Food bikes': comida rodante

Charlie Wicker.

La bici es sana y divertida, eficaz y, por qué no, apetitosa. Las ‘food bikes’, negocios de comida preparada y servida sobre una bicicleta, se multiplican en el mundo, pero en España no despegan por una cuestión legal.

Una fiesta en mitad del bosque y los asistentes empiezan a tener hambre. No hay restaurantes cerca, ni furgonetas que vendan comida ni repartidores de pizza… Pero está ella. Se llama Rose Johnson y lleva una cocina en la bicicleta o, mejor dicho, su bicicleta es su cocina. Rose es la inventora de Hot Bike, una sencilla idea que combina dos artes: el pedaleo y la gastronomía. Esta hábil cocinera de San Francisco (EE UU) empezó en 2012 a preparar y entregar manjares sobre dos ruedas y, tres años después, es pionera de un negocio en auge en casi todo el mundo: el de la venta callejera de comida en bicicleta. “Me siento físicamente conectada con mi cocina”, explica Rose, “y los clientes lo perciben”.

Imaginación al manillar

Esta revolución gastronómica combina lo económico y lo ecológico, lo urbano y lo saludable. Sus armas están al alcance de cualquiera: una bicicleta adaptada (no es necesario ser un manitas, hay empresas que se encargan de hacerlo) y un concepto claro de lo que se quiere vender. Charlie Wicker pedalea por el centro de la congestionada Portland sirviendo cafés de comercio justo. Cayla Mackey se desplaza por Nashville ofreciendo sus exitosos tacos orgánicos. Sin atascos, sin ruidos, con la imaginación asida al manillar. De las populares porciones de pizza y los conos de helado a las fantasías culinarias más insospechadas. Y todo sin encender un motor, tan sólo con el apetito de unas piernas.

 Rose Johnson - Food Bikes

Rose Johnson.

De Canadá a Brasil pasando por Reino Unido y, cómo no, Estados Unidos, donde el negocio florece gracias la tradición de la comida ambulante y una legislación favorable. “La street food puede ayudar a reinventar las ciudades y hacerlas más vivas, más sociales y más humanas. ¿Y qué puede haber mejor para ayudar a ello que apostar por las dos ruedas?”, reflexiona Fabio Gándara, uno de los promotores de StreetFoodMadrid, una joven asociación que busca dignificar la comida callejera en España. “Nos han llegado varias propuestas de bicicletas con licuadoras de zumos o para venta de productos de calidad en magníficas localizaciones”, explica, “porque no todo van a ser las típicas furgonetas”.

La legislación: la cuesta arriba más difícil

Pedalear sirviendo comida no es complicado y degustarla tampoco. Es un placer seguro (los requisitos de salubridad son los mismos que para cualquier otro vehículo) y divertido. Pero hay frenos que dificultan el camino: el principal, la legislación. En España, la regulación de la comida callejera depende de cada municipio y es muy exigente. Al contrario que en EE UU, en nuestro país la movilidad no es absoluta. La venta de comida ambulante está restringida a lugares y eventos determinados: mercadillos, ferias, fiestas populares o puestos aislados. Cocinar sobre ruedas de verdad está aún prohibido en España.

“Actualmente no hay una legislación concreta que cubra el movimiento street food ni una ley que la regule, pero creemos que eso cambiará en breve, dado el crecimiento masivo que está teniendo”, explica Linda Silva, que representa a la asociación Eat Street Barcelona. “La visión negativa de la venta ambulante está cambiando”, asegura, “hay gente haciendo grandes inversiones en este tipo de negocios y quiere una seguridad”. La comida callejera, esa de los barquillos dudosos y melones al peso, es ya cosa del pasado.

Food Bikes

Desde StreetFoodMadrid pretenden acabar con la “inseguridad jurídica” que rodea este mundo. “Estamos desarrollando distintas opciones y propuestas para mejorar la situación legal de los profesionales”, dice Gándara, cuya organización ha lanzado un manifiesto para la creación de un marco legal que “reviva los espacios públicos” a través de la gastronomía. “Lo que quiere la gente es que aquello por lo que paga sea de calidad, llámalo venta ambulante, street food, restauración efímera o bar de la esquina. Y por eso la street food ha llegado para quedarse”, concluye Gándara.

¿Cómo montar un negocio de food bike?

El reinado de los clásicos food trucks está en entredicho. Su elevado precio unido a su rígida movilidad ha provocado que florezcan alternativas originales. Pero, ¿cómo aventurarse en el negocio del pedaleo y la comida callejera?

En primer lugar, es fundamental tener una idea madura del producto que quieres vender. La capacidad de almacenaje es limitada; además, tus potenciales clientes serán muy exigentes. Si te decides por los perritos calientes, trata de diferenciarte: haz como Keaton Tucker, un ciclista de Seattle que cocina sólo para veganos. Cocines lo que cocines, sé original, ya sea aderezando ensaladas o licuando zumos.

Otro factor importante es diseñar un mapa cabal del espacio que quieres abarcar. Recuerda: tus piernas son tu único motor. Los proyectos que tienen más éxito combinan el centro de las grandes urbes, allí donde los vehículos contaminantes no tienen permitido el acceso, con las pequeñas localidades. El radio de acción también variará si tu negocio es individual o por el contrario pretendes colonizar las calles con una flota de bicicletas.

Es muy importante elegir bien la máquina. Por poco dinero puedes encargar una bici a medida de tus necesidades (en Estados Unidos hay empresas como Icicle Tricycles que llevan años adaptando monturas a todos los gustos; en Inglaterra, Velopresso fabrica preciosas bicis-cafeteras por menos de 11.000 euros). De todas maneras, con ingenio, maña y tiempo también puedes construirte una.

Contacta con asociaciones que reivindican que otra comida callejera es posible. En España existen varias, como las mencionadas StreetFoodMadrid o Eat Food Barcelona. Ellos te informarán de cómo está actualmente la legislación y te darán buenos consejos sobre cómo iniciar tu negocio.

Por último, promociónate. Rose, Keaton, Cayla… Todos los bicicocineros tienen su página web informando de sus especialidades y filosofía. La comida y las bicis entran también por los ojos: haz que la gente se olvide de la herrumbre del afilador. Todo el mundo sabe ya que la bicicleta es saludable: ahora deben tener claro que también es apetitosa.

Las ventajas para el consumidor

1. El precio. La logística y la infraestructura de los restaurantes-bicis es mucho más económica que la de los food trucks. Esto repercute en el precio final para los clientes.

2. La movilidad. El tráfico rodado a motor en las ciudades está cada vez más restringido. Hay muchas calles donde una furgoneta no puede llegar. Nada más agradable y sorpresivo que poder degustar comida servida sin humos a la vuelta de la esquina.

3. La felicidad. A la gente le gusta la bici. A la gente le gusta comer (bien). Hay un componente intangible en este negocio. El picnic de siempre, mejorado.

 

fuente: https://www.ciclosfera.com/food-bikes/